Hablemos de la que pica el Pollo

Y el pollo lo que Pica es?

HAITI ESTA JODIDO… PERO A QUIEN CARAJO LE IMPORTA? ME JODE NO TENER SATELITE GRATIS!!!


Esto me lo robe de por ahi…

Escombros en el zapato, por Farasch L. Reyloz

Desde la tarde de ayer un país, que bien podríamos considerar como un perpetuo damnificado, se viene abajo, y lo digo en presente porque aún se están registrando movimientos. Miles, miles de personas se encuentran ya no inmersos en la perenne sombra de la necesidad, sino en la oscuridad absoluta del desamparo, la soledad y la catástrofe. Una tierra deforestada, que en las usuales inundaciones termina converitida en una masa de lodo en la que naufragan decenas y cientos de personas al año, esta vez se enfrentó a una sacudida telúrica que echó abajo los frágiles pilares que permitían algún grado de lucha por la subsistencia. Con ellos se derrumba como un endeble castillo de naipes la capacidad política, sanitaria, jurídica, policíaca y hospitalaria del “hermano menor” de América.

Hoy durante la mañana la redacción está en silencio, como si nadie quisiera molestar, como una casa del siglo xix en la que se vela a un muerto muy querido. Lo que usualmente parece un estadio de efervescencia lleno de careos de opiniones, de chistes, de ruido farandulero, etc., se conviritó en una funeraria virtual. Se habla bajo, se camina despacio, casi nadie se mira a los ojos, no hay saludos efusivos, ni risas. Todo el mundo trabaja absorto, alguien de vez en cuando lanza una instrucción a relativa distancia con algún tono sombrío que ya no apunta al mero interés de tener una buena cobertura sino a la necesidad de no dejar que un medio de comunicación caiga en el más profundo silencio.

Es casi imposible concebir cómo el primer país (“digno hijastro de Francia”) que logró una revolución libertaria antiesclavista que sirvió de piedra angular para derrocar dicho sistema (el de entonces) no sólo en su territorio sino en el resto del mundo, ha permanecido sumido en la miseria, la debacle, los desastres y los abusos de casi toda índole. Para los hijos de América, Haití es nuestra África, nuestro bastión negro olvidado, marginado, enfermo, indigente, hambriento y ahora moribundo. Un pedazo de tierra relativamente pequeño al que nunca hemos logrado auxiliar, por el que nunca hemos hecho bastante, a veces no hemos hecho ni lo menos; es la piedra en el zapato que no usamos, porque tenemos tantos, pero que sabemos que si lo calzamos un día esa piedra estará ahí, inamovible y mortificante.

En la última década hemos visto grandes desastres naturales, que en realidad son sólo desastres para nosotros, la naturaleza se renueva a su manera, nosotros nos hemos plantado en su centro, nos hemos autoproclamado sus dueños y hemos habitado los espacios a nuestro antojo o conveniencia y cada vez que ocurre un ciclo de cambio o renovación se convierte para nosotros en una catástrofe. No quiero caer en la facilidad de los argumentos ecologistas trillados, no estoy haciendo ningún reconocimiento de mea culpa contra el mundo verde del planeta azul, ni nada que se le parezca. No puedo entretenerme en esas pajas mientras me enfrento a las imágenes que llegan por los “cables”. No me interesan en este momento calentamientos, ni subidas de marea, ni siquiera el inegable movimiento téctonico. Me interesa reflexionar lo que Haití es hoy para el mundo, para los ciudadanos de todo el planeta. Creo que es momento de cuestionarnos si este país podrá autorehabilitarse (por supuesto, con la ayuda del resto del mundo) o si realmente estamos ante un nuevo desafío político-internacional. Se convertirá Haití en una colonia de la ONU?, habrá que improvisar un sistema de gobierno internacional que sirva de líder interino mientras el país es una ruina?

La península, que realmente ha vivido siempre como isla, puesto que la comunicación terrestre con su siamesa RD es verdaderamente rústica, hace casi 24 horas entró en otro nivel de caos. Un país acostumbrado al hambre y la necesidad hoy trata de ajustarse al caos verdadero y exponencial en el que se ha caído no sólo la infraestructura sino toda la precaria estructura social y antropológica. El panorama real es: hospitales colapsados que no podrán asistir a los heridos, que han perdido preciados medicamentos y en los que deben haber muerto cantidades significativas de personal indispensable y adiestrado en medicina; instituciones políticas venidas abajo, por lo que no existe ninguna estructura de poder que sirva de sede desde la cual organizar logística, impartir instrucciones y coordinar una acción organizada de respuesta, ayuda y reconstrucción; dirigentes desaparecidos, líderes que no podrán orientar a su gente; cárceles colapsadas que signifca no sólo la posiblidad de muchos muertos sino la realidad de que criminales y sujetos de “bien” andan los mismos caminos, sin identidades que les permitan reconocerles; instituciones policíacas que no podrán organizarse y que hacen lo posible por al menos encontrar sus miembros entre los escombros; la sede de la OTAN también se vino abajo, mientras misioneros y voluntarios de la Cruz Roja están desaparecidos, de modo que la gente que lleva allí unos 6 años prestando asistencia, ahora necesita ser asistida; tal como era esperado ya han empezado a reportarse incendios como resultado de los daños en líneas de gas, gasolineras, etc.; el poco equipo pesado con el que país contaba para mantenerse en tiempos usuales también es parte de las pérdidas en una tierra donde muchas cosas no quedaron en pie y las restantes no son seguras y deben ser echadas abajo para empezar de cero siempre y cuando logren deshacerse de los escombros; adiós a las certezas de la identidad, muy poca gente podrá probar quién es, su procedencia y demás elementos que confirman las llamadas “identidades”. Una cosa como ésta, como fue Katrina o el terremoto en Sri Lanka son enormes borraduras, tachones gigantescos y casi definitivos de aquellos recursos que ayudan a construir lo que consideramos sujetos jurídicos. Se trata de un estado sin ley, en hambruna por tradición y ahora sin remedio, en la que los saqueos tendrán que ser el modo legítimo de subsitencia por algún tiempo, donde la ley que regula las relaciones mínimas de lo humano colapsan igual que los edificios.

Mientras tanto, Puerto Rico busca cómo tragar que es parte del Caribe, la gente recoge latas, ropa y artículos de primera necesidad, y todo el mundo se mantiene ensimismado en la primera línea de fuego, darles manta, comida y salvarlos. Pero queda especular si a mitad de camino, como siempre, miraremos distraídos a las ventas del carajo porque a la mayoría se les pasa la crisis de “culpa” de ser los “suertudos” del entorno en más o menos un mes, y a partir de entonces nos quitaremos el zapato que tiene anquilosada la molesta piedrita, que hoy son escombros, y nos justificaremos porque somos como menores de edad que no pueden decidir tener un rol ni siquiera humanitario sin el permiso del “papá” bambalán que prestó billones a los bancos y las industrias, mandó a 30 mil soldados más a matar gente en su casa y hoy sólo puede enviar 2 mil de éstos a tratar de levantar los escombros de un país que deberá ser reconstruido por completo y que no tendrá suelo suficiente para enterrar a sus muertos.

SERIA BUENO SI NOS DEJARAMOS DE PENDEJASES Y DONARAMOS AUNQUE SEA UN PESO!!!

Si te Interesa Hacer una Donacion, Aqui te puedes enterar como Hacerlo!

January 15, 2010 Posted by | Uncategorized | 2 Comments